El Cristo de La Habana

cristo habanaAl apreciar una imagen blanca con un brazo extendido apuntando hacia la Bahía de la Habana y el otro sobrecogido en su regazo, nos parece estar observando una deidad que desde su altura mira el destino de los hombres, de aquellos que navegan en las protegidas aguas de esta gran rada habanera y que fuera lugar seguro para huir de los ataques de corsarios y piratas.

Los moradores de las edificaciones aledañas dotadas de tejados rojos del singular pueblecito de Casablanca, ayudan a crear una atmósfera de quietud, sabedores de que la naturaleza del lugar ha dotado al mismo de una colina desde donde puede admirarse la parte más colonial de La Habana.

Es el Cristo que esculpió Jilma Madera, el cual posee una longitud de quince metros de altura y a su vez se encuentra colocado encima de un pedestal de tres metros en el mismo pináculo de esta colina. Colina y mar hacen el complemento perfecto de este paisaje, sitio marino por excelencia donde puede observarse buques de gran porte pero también pequeñas lanchas de pasajeros que transportan a los vecinos a ambos lados de la Bahía.

Poseidòn, dios de los mares para los griegos, y Neptuno para los romanos, carismático y enérgico a la vez, este Cristo tal cual fuere un dios del Olimpo, es admirado por muchos, debido al detalle del rostro desafiante. Pero el Cristo de la Habana ya no está solo en sus andares de protector de nuestra bahía, al otro lado de la ensenada y bordeando el malecón se encuentra Poseidón, dios de los mares para los griegos y Neptuno para los romanos.

Ciertamente nos encontramos ante una fusión de credos, que incluye también las culturales, cuestión transcendental para todos los cubanos que siempre hemos abrazado desde aquí lo mejor de la cultura universal.

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